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YURACYACU:
Potencia arrocera y ensueño turistico
Desde el comienzo Yuracyacu fue poblado por forasteros. Hace milenios que llegaron jíbaros desprendidos de Chachapoyas. Vivieron en chozas; que dejaban cuando alguien moría, por su pánico al contagio, que conservan hasta hoy sus descendientes.
Sus tambos abandonados desaparecieron absorbidos por el bosque ocultando su historia que solo fluye de leyendas: la primera del pueblo de Huasta, pueblo que anduvo perdido en la llanura hasta llegar a Jacinto en la ribera del Mayo, de donde fueron a Atumplaya y Yuracyacu. Otra es la leyenda Naranjos, grupo intoxicado por chorros de oro y plata. Un santo los rescata llevándolos hacia el marañón; pero regresaron cegados por la codicia. Llevándoles nuevamente puso la cordillera Pishco Huañuna para impedir que vuelvan. Sin embargo, seducidos por el oro, algunos regresaron y al no hallar su antiguo pueblo, vagaron por el valle como aguarunas y fueron asentándose por Tónchima y Uquihua. Los que se establecieron a orillas del Mayo para no escuchar campanas en el bosque, bajaron a Atumplaya, en busca de sosiego y otros se establecieron en Yuracyacu cerca al Avisado y Huascayacu sus lugares preferidos de pesca.
La zona tiene abundante agua, poco drenaje y napa freática superficial. Entonces buscando tierras menos inundables llegaron al Marañon conectándose por tierra con balsapuerto y cahuapanas.
Los españoles, en el siglo XVI llegaron desde Quito siguiendo esa ruta, para fundar Moyobamba y otros pueblos ribereños hasta Yuracyacu, como puede deducirse del ascendiente ecuatoriano de antiguos apellidos difundidos en el distrito.
Su historia sigue guardando muchas cosas que aún faltan explicar:
Cuando los migrantes desbrozaron todo el territorio para establecer cultivos encontraron restos de un molino de piedra, que se conservan en Rioja y guardan muchos misterios.
En sus inicios como centro poblado, la única vía de acceso era por el río Mayo en pequeñas canoas hasta Moyobamba. En 1939 Se le reconoce la categoría de distrito con con el territorio más extenso de la provincia.
El pueblo ubicado primero a orillas del mayo, cerca a la boca del rio Yuracyacu, fue reubicándose repetidas veces a causa de inundaciones, llevando incluso los techos de sus casas hasta el lugar que actualmente ocupa en la margen derecha del río Yuracyacu.
La naturaleza lujuriosa abrumaba las fuerzas antrópicas que solo aprovechaba una pequeña parte de recursos por la caza, la pesca, la recolección, pequeños sembríos y pocas crianzas debido al aislamiento.
En los años 40 siendo alcalde Martín Mesía se abre el camino a Rioja construyendo un encalzado de madera en el trecho más fangoso. Fue tal vez su primer paso a romper su aislamiento que culminó con la apertura en 1970, de la carretera Fernando Belaunde que lo atraviesa de sur a norte dejando descolocada a la capital distrital.
La migración intensa fue sembrando pueblos nuevos, pronto convertidos en emporios comerciales impulsores de nuevos distritos, que fueron seccionando el territorio para convertirlo en madre de varios distritos, orgullosos de su prosperidad.
El relieve plano, la abundancia de agua y el crecimiento del mercado: induce el cultivo mecanizado del arroz, que pronto se generaliza. La estampa del chacarero antiguo con hacha machete y alforja seguido por un perro fue sustituida por la imagen del peón agrícola con mochila fumigadora; y la mujer en bicicleta con el hijo a cuestas. Desapareció el patrón a caballo y hoy tenemos el agricultor con tractor y camioneta o el que presta servicio con mulita de estruendo por las calles; el parcelero de moto que contacta negocios por celular desde sus plantaciones.
Los arrozales ocupan el 70% del territorio y son fuente de ocupación directa e indirecta para casi toda la población.
Seis comités de regantes agrupan a 452 usuarios que cultivan 2396 Hectáreas de arrozal y producen 20,000 toneladas de cereal cada año para el mercado nacional.
Cuenta con . . . caseríos: Río Negro, Sinamal, Patria Nueva y Tambo. Su población asciende a . . . . . habitantes, en su mayoría descendientes de migrantes que llegaron por la carretera Fernando Belaunde desde 1970. La mayoría dedicados al cultivo de arroz como pequeños parceleros y peones agrícolas. Las propiedades mayores de 100 hectáreas son pocas, indicando que la riqueza se distribuye en la base.
La gente es hospitalaria, alegre, acoge a los migrantes que pronto asimilan su historia, se identifican con sus raíces y se suman al esfuerzo por recuperar las tradiciones.
No olvidan su pasado y reconocen el aporte de sus mayores. Recuerdan con gratitud: a los primeros profesores como Mercedes Florindes, Martín García y Felipe Ruiz.
Reconocen valores humanos entre su gente como Necker Campos, por su entrega al servicio de los demás.
Los techos de sus viviendas brillan entre arrozales.
Vecinas comedidas mantienen limpias sus calles enripiadas que además de servir al tránsito son usadas en fiestas de San Juan y San Pedro para prender umshas cargadas de regalos y después cortarlas con danzantes de pandilla al compás de una música de acordeón, bombo y tambor.
Su plaza mayor grande y concurrida, es lugar de concentración y escenario de programaciones culturales.
Cuenta con servicios de alojamiento, alimentación, comunicación telefónica y cabinas de Internet; también recreación para culminar las arduas jornadas agrícolas.
La producción de arroz es el motor de la marcha económica, por eso es vital construir y mantener puentes y caminos de acceso a los mercados al tiempo de innovar tecnologías para ser más competitivos.
Con esto no agota sus posibilidades de desarrollo porque tiene el aguajal renacal de los ríos Mayo, Negro, Avisado y Huascayacu, con 5,000 hectáreas de Conservación Municipal compartida con los distritos hermanos de Posic, Yantaló y Moyobamba; que abren las puertas al turismo ecológico, de aves y de aventura
El ingreso a esta maravilla natural es por el sector Lloros, donde se dan los primeros pasos de construcción de infraestructura turística. Una pasarela emponada sorteando zancos de renacos y seticos conduce al embarcadero para navegar en río negro, sobre remolinos de cristal que se pierden bajo raíces acuáticas del vistoso pero urticante yuyo que confunde las orillas con el relieve inundable, donde palmeras de aguajes izan penachos buscando el cielo para contarle misterios del bosque, último hábitat de fauna exótica y de flora de Orquídeas, bejucos y especies arbóreas, entre ellas varios ficus conocidos como renacos cuya particularidad es que se hallan cuidados por chullachaquis, duendes del bosque en la mitología amazónica. Algunos personas testimonian su avistamiento, otros cuentan ocurrencias inexplicables, que mezclan en el renacal los mitos con la realidad, convirtiéndolo no solo en reserva natural sino sobrenatural con posibilidades de ser centro energético y fuente mágica para el curanderismo y la espiritualidad.
Esta grandeza incita a sus autoridades a competir sanamente por más logros para su tierra.
El gobierno municipal encabezado por el Sr. Juan Mesía Tello, como pocos, tiene claridad en sus planes y con su comuna viene trazando un rumbo seguro para su pueblo.
Su gran extensión distrital fue reducida a la más pequeña de la provincia; pero no pudieron mellar su potencia productiva arrocera y su proyección en la recuperación ecológica y el turismo naturaleza, por el incalculable valor de sus hijos que demuestran que desde pequeños son como grandes.
Así es Yuracyacu, cuna de valores humanos, potencia productiva en el alto Mayo fuente mágica de leyendas y ensueño turístico que empieza a ser realidad por el buen sentido de sus autoridades y gran laboriosidad de su gente.
Rogelio Reategui
revistaepoca@terra.com
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